Dr. Martens

Trabaja fuerte conmigo...

sábado, 1 de mayo de 2010

La tele...

Ciertos años atrás (duros tiempos aquellos y prefiero no recordar con exactitud) mi papá veía la tele. Yo convalecía con mucho cuidado en la casa después de que me operaran la vejiga para extraer un pedazo de catéter. ¿Qué hacía ese catéter allí metido?

Bueno, para hacer de un cuento largo algo corto les digo, sufrí de una piedra en el riñón, y para desacerse de ella la pulverizaron con ondas de choque, luego, para que bajara por la uretra sin problemas me introdujeron el catéter para dilatarle. Cuando fuimos a sacar ese catéter hubieron complicaciones y se rompió a la mitad, adentro. No fue hasta que me comenzaron los dolores y la menstruación (no una literal menstruación pero si un recurrente y muchas veces tedioso sangrado) que fui con la espina mental de que tenía algo ajeno a mi cuerpo metido en la vejiga --y efectivamente, así era.

Había que sacar aquello y aquello fue sacado... con cirugía, claro está, así que ese es el cuento que explica mi convalecencia casera (esto también explica el motivo de mi auto-instada olvidanza de tales tiempos).

Entonces allí estaba yo, recostado en el más amplio sofá de la sala, pensando en un problema. Tenía puesto un folie (se lee en francés, ¿habrán inventado estos tal demoníaca contracción?), en fin, que era para mi bien, para no forzar la vejiga ya que estaba lacerada por el trauma de la cirugía; pero ese no era el problema, el problema era que, si mis cálculos emocionales no me fallaban, el orín, que llevaba ya rato intentando dejar baja no bajaba...

Me puse de pié, y me excusé al baño. Ya en éste busqué y rebusqué alrededor del ducto que me penetraba el pene (el folie) y no encontré obstrucción ninguna. La necesidad de orinar era tan intensa que al relajarme oriné pero por el borde del folie, no por 'el' folie --como se suponía.

Después de aquello, me cansé, y al llevar ya unos varios días con aquello puesto, intenté quitármelo. En el pasado había pasado por experiencia similar, pero en aquel entonces el folie que se me colocó por otra cirugía fue uno de infante, el que llevaba puesto en ese instante era uno de adulto. La diferencia entre ambos estaba en el grosor del ducto como tal, no en su función. Así que el que llevaba puesto era cosa espantosamente gruesa. Sabía que iba a dolerme de sobremanera sacarme aquello, pero hastiado con la lata como lo estaba me atreví a correr con la chanza.

Halé con cuidado en un principio y nada. En el segundo intento halé con más fuerza y pude ver que el ducto (hecho de látex al fin) estiró algo, pero no lo suficiente como para salir. La tercera aumenté la potencia del halado y nada, solo dolor. Ya para entonces comencé a llorar de la desesperación. Lloré en silencio, pues mi intención con el llanto no era cundir de preocupación a mi padre que tranquilamente miraba la tele, no, yo lloraba de frustración, de impotencia, de ganas locas y frustradas de sacar y deshacerme del folie de una buena vez.

Nunca pude sacar aquello, y en la frustración me senté encima del toilet a pensar por unos segundos. Metido en el silencio del baño, y éste quedando tan cerca de la sala, escuchaba lo que mi padre vería en la tele. Eran las noticias, y estaban cerrando con el cursi reportaje sobre algo 'positivo', lo cual suele ocurrir aquí en Puerto Rico con las noticias --siempre cierran con un cálido e incongruente reportaje levanta-ánimos.

Curiosamente, justo después del último reportaje, llegó un boletín, el cual mencionaba de un accidente automovilístico donde pereció una pareja joven cuando un camión con su vagón de carga se volcó cayéndole encima al auto en el que iba la pareja y la hermana de la mujer de la pareja, la cual milagrosamente sobrevivió el accidente pues iba durmiendo en el asiento trasero del auto cuando el ocurrió el siniestro. Me movió el reportaje, pensé en la desafortunada suerte de aquella única sobreviviente, y cuando comencé a contraponerla con la mía hice lo propio, salí del baño.

"Pa', tenemos que ir al médico"
"¿Qué pasó?"
"El folie está tapa'o"
"¿Cómo? ¿Enserio?"
"Si pa', acabo de intentar halarle para sacarlo y nada. No puedo bajar el orín sin mearme encima..."
"Eso no está bien... bueno," se levanta del sofá, "Vamos"

Era un Sábado y por esto pa' accedió sin pensarlo mucho, pues el otro día iba a ser Domingo y su trabajo no le obligaba a ejercer hasta el Lunes; así que nos embarcamos en el ya fenecido viejo auto de mi padre hacia el Centro Médico de Puerto Rico, donde se me trató y se me estaba tratando pre y post-cirugía.

Ya allí fuimos a la sala de emergencia, comunicamos mi problema y se nos ingreso sin más preámbulo. Se me asignó una camilla y un lugar en la sala de espera para ser evaluado por un médico. Llegamos tarde, a eso de las doce de la medianoche, así que nos tocaba esperar mínimo hasta las tres de la mañana para que se presenciara el médico y me atendiera con cuidado. Antes de esto, como a las doce y media un enfermero pasó a cerciorarse lo que pasaba con mi folie. Lo que hizo fue, con una jeringa especial, conectarla en el tubo a través de una partidura especial e inyectar agua salina en este para ver como pasaba hasta mi vejiga -lo cual hizo de lo más bien- pero cuando intento succionar de vuelta (para liberar cualquier obstrucción) nada salió; de hecho, el tubo se contrajo en su circunferencia, lo cual indicaba una clara obstrucción, pero no en el tubo -según el enfermero- debía ser en el 'saquito'.

Déjenme diseccionar teóricamente un folie para que me entiendan; un folie es una bolsa que a través de un tubo que tiene conectado se introduce por el ducto urinario del paciente para asistirle a orinar sin esfuerzo, ya que la vejiga queda relevada del impulsó natural de retener orina hasta cierto punto donde se envía la señal de abrir compuertas --pero como el tubo del folie esta entre la 'compuerta' y la vejiga, hasta la bolsa de retención, la vejiga no aguanta lo que el riñón secreta, enviándolo directo a la bolsa. El tubo del folie, en su punta contraria a la bolsa tiene un interesante mecanismo que 'simula' la compuerta natural de la vejiga, para que así la presión que naturalmente se encarga de echar con fuerza la orina afuera siga siendo el motor que empuje la orina por el tubo hasta la bolsa del folie. Este mecanismo consiste en dos compuertas de látex, una interior y otra exterior; la exterior es como un pellejo, el cual cierra cuando la presión no es la correcta, pero que -por consiguiente- abre si los milibares aumentan lo suficiente. Esta 'compuerta' exterior era la que creía el enfermero estaba siendo obstruida, seguramente por la arenilla de la piedra pulverizada que bajaba.

El enfermero me preguntó si podía orinar, le conté que si, pero que me era necesario ir al baño, para que saliera por los lados; él me dijo que estaba bien, al menos eso era lo importante. Me dijo que me esperara a que llegara el Doctor y que si necesitaba algo que le llamara cuando fuera, sin vacilar al respecto. Asentimos y el enfermero continuó su ronda.


Pa' es el mejor compañero que puedes llevarte al doctor jamás, es tan animoso tenerlo cerca en esos momentos; el tipo siempre me levanta el ánimo; nos hacemos chistes, conversamos serio sobre política, la del hospital, la del país, la del mundo, la de la gente... jejeje, qué no hablamos cuando estamos esperando a ser atendidos en un hospital. Así que eso hicimos, y nos la pasamos bien dentro de todo, tanto así que nos preguntaron unas dos veces si eramos hermanos...

En fin, que el buen rato hace pasar rápido al tiempo, y justo cuando creía que las tres o cuatro horas que sabía íbamos a tener que pasar allí iban a pasar en lo que mi concepción del tiempo reconocería como hora y media llega al espacio adyacente al nuestro una pareja de padre e hijo, justo como nosotros; el hijo era evidentemente el paciente, pero a diferencia nuestra estos dos estaban serios, mucho, casi demasiado, aunque en un hospital -dependiendo el por qué- no se puede estar 'muy' serio. Nosotros, por el respeto que estos merecen, bajamos las revoluciones y nos auto-contuvimos la gracia.

El enfermero pasó por el área de padre e hijo conjunto a nosotros. Cierra las cortinas que separan los espacios. Comienza a hablar con los pacientes, nosotros, por la auto-contención, nos callamos y por ende escuchamos lo que hablaban. Las preguntas que se le hicieron -nosotros estando ajenos al contexto- nos parecieron ambiguas, al menos a mi, y yo tengo algo de preparación universitaria, imagino que mi padre no entendía igual. El enfermero se marchó. Esperamos unos minutos a ver de qué hablaban los vecinos, pero sin resultado. Esperamos unos minutos más y para entonces llegan dos médicos para ver a los vecinos, cosa rápida comparada con nuestra espera. Los médicos comenzaron a hablar; le dicen que sufre de estrangulamiento testicular y que era inminente operarle para salvar el otro testículo. Y que iba a ser un veinte por ciento menos fértil, pero que eso era menos importante ahora, había que salvar el 'otro'.

No soy persona que se burla de la tragedia ajena, pero sinceramente tuve que contenerme un poco la risa, personalmente hablando. En fin, que en unos cinco minutos el vecino estaba de camino al quirofano --dejando el espacio que ocupaba su camilla vacío.

Al ellos partir nos lamentamos por lo que habíamos escuchado. Nunca le dije a Pa' que por poco me reía...

Pasan unos pocos minutos y llega otra camilla al espacio que acababa de desocuparse. La camilla viene con una chica, la chica con dos mujeres. Al ubicarles no cerraron las cortinas, y nosotros, yo y pa', no miramos, supongo que... era lo mejor.

Allí estaban, todos callados los nuevos vecinos. La chica parecía estar sedada; traía puesto un estabilizador, y tenía algunas leves cortadas en el rostro.

Las mujeres se presentaron, y nos dijeron que la chica había sufrido un accidente, y que su hermana había perecido en éste. Nos quedamos perplejos, sé por un hecho que ambos pensamos lo mismo, entonces Pa' preguntó, y efectivamente, era la sobreviviente del atroz accidente que vimos ser comentado en el noticiero antes de venirnos al hospital.

Cuando nos confirmaron me entró un extraño sentimiento, y no hubo mucho tiempo para analizarlo pues en esos instantes regresaba de la sedación. Poco a poco volvía en si, y gemía con pesadez. Intentó moverse y las mujeres le detuvieron, se le vinieron encima y unas enfermeras pasaron a asistirles. Llamaba a la hermana, digo, no sabíamos que era el nombre de la hermana, pero al volverle a sedar nos lo dijeron quienes le acompañaban. También nos dijeron que sus padres están devastados, que la escena era fea y que ella era un milagro --carai que les creímos cada palabra.

Entonces, después de un rato llega la madre, sola, y las muchachas que cuidaban de su hija le dejaron su espacio. Ella sollozaba mientras se le acercaba a su hija para abrazarle, y de repente esta despierta. La madre intentó recuperar compostura para esconder el llanto, pero la hija, aunque sedada, sabía más que eso, y curiosamente, en lugar de gemir y descarrilarse con la emoción, intentó reconfortar a su madre --lo cual fue muy bonito de ver.

Las muchachas nos presentaron con la madre y su hija. Nos saludamos, les miramos a los ojos --no necesitábamos más para dejarnos saber la reciprocidad que se compartía. Entonces nos quedamos sin palabras... las miradas lo habían dicho todo. Pero pa' es un hombre de buen humor, uno que cuando se suelta y confía sabe qué hacer para no dejar que un sólo minuto pase sin una sonrisa, y en base a esto aportó, "¿nos prestan el control?", las muchachas se quedan cuadradas sin entender, él continua, "es que ese televisor [el cual no existe pero señala, llevando la vista de todos a la pared] lleva rato ahí --en blanco...", y justo así la chica en la camilla sonrió, la madre también, todos lo hicimos.

En fin, aquello allí estaba tenso, pues aunque todos sabíamos la verdadera tragedia detrás del trauma que pasó la chica recién llegada, ella no estaba al tanto, y sabíamos, en silencio, cuan duro iba a ser realizarlo cuando llegase el momento.

Un enfermero irrumpió en la lóbrega escena y extendió la cortina que separaba nuestros espacios. Yo y pa', sin hablar al respecto, no queríamos escuchar lo que se decía al otro lado, así que comenzamos a hablar. Durante unos cinco a diez minutos conversamos e hicimos recalque de cosas graciosas, pero mayormente hablamos --nuestro sentido del humor no es nada cotidiano, menos forzado, así que cuando sale es raro y poco consistente. Entonces luego termina el enfermero su consulta y medio minuto después se abren las cortinas, en especifico las que dan hacia nuestro espacio.

Las chicas nos miran por breves segundos, luego la madre nos dice, "ustedes tienen una bonita relación, parecen hermanos", agradecimos el comentario, tomándolo como cumplido. Nos preguntamos mutuamente de dónde éramos; la madre nos preguntó qué hacíamos allí y pa' les contestó, "a éste se le tapó el pipí" --todos reímos, y curiosamente nunca se indagó más a fondo.

Después de ciertos minutos las chicas que acompañaron a la paciente de al lado se retiraron. La muchacha en la camilla quedó rendida del sueño un poco después de eso y la madre y pa' fueron a comprar café. La madre me dice antes de partir con pa', "me la cuidas", a lo cual yo asentí.

Ella dormía placenteramente, muy tranquila; la miré por varios minutos recreando en mi mente lo que le pasó según lo que había escuchado, y viéndola descansar así como estaba, tan pasivamente, me costaba encajar las piezas del rompecabezas.

De repente una enfermera pasa por mi área, mira a la paciente de al lado durmiendo y luego me mira a mi; me dice, "joven, vamos a comenzar un simulacro de incendios, por favor recuéstese de la camilla y espere tranquilo a ser trasladado. Yo preguntó, "trasladado a dónde, mi padre aún no vuelve y no quiero que cuando lo haga no sepa dónde estoy", la enfermera me contesta, "no te preocupes, esto no va a tomar más de quince minutos; les estamos informando a todos los tutores presentes. Además, nadie puede entrar a ésta área mientras se lleva acabo el simulacro; si volviesen mientras, se les avisa afuera que esperen durante el simulacro, ¿entiendes? Tranquilo."

Y así comenzó aquello. Los enfermeros y demás empleados (doctores interinos incluso) tomaron turnos con las camillas; cada una era removida del área de espera -a través de una amplia puerta de cristal- hacia un pasillo afuera. Ya allí alineaban las camillas en paralelo para dejar entre ellas algo de espacio, seguramente para facilitar el reviso de los pacientes.

La muchacha que estaba al lado mío adentro fue puesta paralelo a mi. Ella se había despertado, vagamente --por todo el movimiento que había dándose allí por el simulacro. La paciente no comprendía nada, no le habían explicado la situación, dormía, y una súbita confusión se hizo de ella. Los enfermeros no tenían tiempo de explicar a fondo, solo le sugerían la calma, pero ella no escuchaba, solo preguntaba y las respuestas no llegaban. Recordé de lo que venía, pensé en su bienestar, pensé que ya había pasado por mucho, así que, allí mientras miraba me hice de valor y le hablé, "Oye, amor, es el muchacho de al lado, ¿me recuerdas? ¿si?".

Ella no podía girar el cuello, tenía un sostenedor y ello no le permitía libre movimiento, aún así intentó moverse. Yo inmediato vi esto le continué hablando, "Hey! No no no, tranquila, no te muevas, estoy aquí, justo al lado tuyo, no te alarmes, esto es un simulacro. Tu sabes, como los que hacen en la escuela, por si acaso sucediese un incendio. Pero no hay fuego, es un simulacro. Nuestros viejos salieron justo antes a beberse un café, es por esto que no están con nosotros. Pero estoy aquí, nada te va a pasar."

Su reacción fue inmediata, le vi calmarse paulatinamente, segundos luego me pregunta, "¿No te vas a ir, verdad?", a lo cual le contesto, "A ningún lado, tranquila..."

Esto último que le dije le calmo y en un extraño modo me inquietó a mi, pues me abrumó la empatía, sabiendo de dónde venía, por lo que había pasado, su gran perdida. Cada dos minutos después de esa breve conversación me cercioraba de su estado, preguntando, "¿todo bien? ¿cómo estas?", ella contestaba afirmativamente, mirando con desconcierto el techo de aquel pasillo.

La miraba envuelto en ternura, sintiendo un afecto inexplicable. Con cada minuto que pasaba su presencia me envolvía más y más; le quería proteger, aunque supiera que no era factible, que no estaba en mis manos. Su situación me carcomía por dentro, hasta el punto en hacerme sentir algo culpable por la ciertamente menos importante situación médica mía. Casi le prometo amor eterno, casi lo hablo, ya que mi corazón lo hizo sin pedirme permiso alguno.

Después de ciertos minutos nos devolvieron en orden a nuestros respectivos lugares antes del simulacro. Pocos minutos después regresan los viejos. La muchacha le contó a su madre cómo yo le había servido de apoyo durante la gestión del simulacro, y lo dijo con sosiego, estado alentador nunca antes visto durante su estancia en la sala de espera, lo cual era buena señal. La madre me miró después de que le contara y sin pronunciar palabra alguna agradeció con un silente 'gracias'.

Al la hora de eso llegó a atenderme el doctor. Me recetó reposo absoluto y esperar a los pocos días que me quedaban con el folie, pues ya pronto me lo quitarían, y entonces se sabría mejor el asunto. Curiosamente para entonces, por milagro de Dios se había destapado el condenado, así que todos quedamos más tranquilos.

Ya dado de alta nos despedimos de los vecinos, no sin antes invitarnos a ser parte de la recuperación de la muchacha, que para entonces nos habían dicho el nombre pero porque no le dimos seguimientos a la invitación eh olvidado.

Ojalá y esté bien. Le echo de menos.

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