Dr. Martens

Trabaja fuerte conmigo...

lunes, 17 de mayo de 2010

Casta de santo.

De chico solía visitar con frecuencia a mis primos, y estos vivían detrás de un cementerio.

La familia de mi tío era buena gente, humilde y eso. Durante el receso escolar nos sobraba el tiempo, así que nuestros padres nos juntaban y a espaldas de ellos visitábamos el cementerio.

No le temíamos a lo 'paranormal', no conocíamos lo paranormal. De hecho, lo único que verdaderamente nos asustaba era que nos secuestraran extraterrestres y dudábamos eso fuera a pasar en un cementerio.

Después de cierta hora gente extraña en ropa oscura aparecía en el cementerio. Iban a llevar acabo ritos. Sacrificando animales y eso. Nosotros espiábamos pasando desapercibidos.

Mis padres se enteraron de nuestras ‘excursiones’ y me castigaron. Desde entonces las visitas para ver a mis primos dejaron de ser. Nosotros vivíamos lejos, así que era lógico que continuaran visitando el cementerio sin mí. Mi madre a los pocos meses me contó que algo grave había pasado por allá con los paseítos al cementerio y que -según tío- uno de mis primos estaba en el manicomio.

Mi madre me llevó a visitarle. Cuando llegamos tío nos puso al corriente de la situación. Platicamos unos minutos. Les dije que quería entrar al cuarto a verle sólo. Me exhortaron que tuviera cuidado, que llevaba varios días sin decir palabra y podría ser peligroso.
Al abrir la puerta le vi. Mientras me le acercaba lo miré fijamente, pero no fue recíproco el interés. Ya justo en frente le busco la mirada, pero este esquiva mis intentos. Me molesto, siempre fuimos muy buenos amigos, me extrañaba el trato. Recuesto mi mano sobre su hombro y al segundo que lo hice toma con las suya la mía, le lleva a la boca y le muerde.

Salgo gritando del cuarto; mi madre ve la sangre en mi ropa y se vuele histérica. Las enfermeras me revisan la mano y connotan que me falta un dedo… La enfermera a la cual le explico lo sucedido entra a reclamar mi dedo. Sale pálida de la recamara y nos dice... “…se acaba de tragar el dedo…”

Esa fue la última vez que vi al primo.

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