Hace tiempo ya que vengo sintiendo rarezas en mi cuerpo, 'rarezas' de índole interno, con mis órganos. Siendo el hipocondríaco que soy me eh postulado varias -quasi-paranoicas- razones por las cuales padezco lo que estoy padeciendo --que hasta el Sol de hoy es todo un misterio.
Hace unas cuatro semanas atrás me comenzaron a doler las tripas demasiado; un amigo (días antes de esto) me había mencionado que podía tener lombrices, ya que esto explicaría mi abrumadora ingesta de alimento sin ninguna repercusión a mi peso neto. El que me lo haya dicho me hizo pensar, y saben que le eh atribuido todo el malestar en las tripas a esto. El día después de ese horroroso malestar (no me podía ni levantar derecho) lo hice con el malestar. Fue un Sábado de gloria.
Con el día en mente y mi fe muy despierta le pregunté al 'mayor' poder, "¿Qué puedo hacer para ayudarme? Además de ir al médico (lo cual detesto y no debo hacer por mi incapacidad de pagar la consulta)". Y éste me contesto, "cebolla".
Ya había visto cierto documental donde se recreaba la odisea de éste 'desconocido' (pudo haber sido Simón Bolivar, pero no recuerdo con exactitud) al cruzar la cuenca de los Andes. En tal documental se mencionó -como hecho histórico- que el 'fulano' solía comer cebollas crudas para apaciguar un problema de salud que acarreaba consigo. Según lo relatado le funcionó muy bien, tanto así que recomendó y hasta obligó a sus tropas comer una cebolla entera diaria.
La respuesta a mis plegarias fue una extraña, una que, aunque haya visto referencias a la ingesta en otros eventos, jamás hubiera pensado por mi propia cuenta --es raro querer comer cebolla, pero 'tener' que hacerlo... bueno.
Fui, subí a la casa de mi padre, donde queda la lacena y tomé una cebolla, la pelé hasta donde es menester y comencé a comerle. Mi padre me pregunta, le contesto con la verdad, me dice que es buena decisión. Increíblemente, a los minutos, el dolor había considerablemente disminuido, hasta el punto de una casi desaparición total.
Mis alegrías no podían ser más. La respuesta a mis plegarias había sido una dura pero efectiva --¡en un instante! Me regocijo el hecho. Le mencioné los resultados a mi viejo y este asintió, me dijo que aunque desconocía en detalles, la cebolla era tremendo vegetal para un sin números de dolencias, sin mencionar lo buena que es para cocinar ciertos platos.
Entonces, pasé un tiempo sin dolor, pero no modifiqué nada en mi dieta, ni fui al médico, ni nada, me valí del remedio y dios que me vino a costar luego...
Durante las próximas semanas, cada vez que me visitaba algo del dolor en las tripas resolvía con cebolla, y ya. Pero hace dos días atrás eh decidido tomar un nuevo tipo de acercamiento al tratamiento. Eh decidido ponerme a comer vegetariano. Y desde ayer que voy en esas.
El dolor es casi nulo, de nuevo, y lo gracioso es que en unas pocas horas voy a trabajar prestando servicio y asistencia a clientela, y me eh preguntado, "¿Seré capaz de quitarme el aliento a cebolla para entonces?" jejeje, lo dudo... Igual, es lana que cae, tal vez no vuelva, pero ya con hoy que caiga algo son buenos.
Voy a beberme un té de limón con miel de abeja (ando con un chispo de catarro) y después al aseo. Les aviso cuando regrese cómo me fue.
¡Ah! hoy hay 'show'... caramba... bueno, mucho qué hacer, habrá vasto qué contarles.
¡Hasta la próxima camaradas!
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