Dr. Martens

Trabaja fuerte conmigo...

viernes, 12 de febrero de 2010

Cretino... el primer amor de mi vida.


Cumplo años en Febrero, cumplo el día 23 de este mes; mi hermano mayor (R.I.P.) también cumplía en Febrero; mi mayor hermana igual.
Siempre que comienza este mes siento cosquillas. Es un mes que aún así significando todo lo que significa para mi familia, por el día del 'amor', convoca pasión en el corazón de la gran mayoría de los que nos rodean (al menos acá en el occidente), bonita cosa.

En la escuela (aquí en Puerto Rico) se suelen llevar acabo actividades para conmemorar el día de San Valentin. Que si 'amigos secretos', 'intercambio de correspondencia', en fin, se hace lo que se puede para elevar este gran día de la amistad a las alturas que merece --desde esa -amistosa- perspectiva. Las preparaciones para estas actividades se iban cuajando una semana antes del evento, dependiendo cuando caía el día 14 como tal, pero ya desde antes se sentía en el aire la electricidad. Mi actividad favorita era la de los 'amigos secreto', pues esta comenzaba con la antesala, y consistía en enviar (de forma anónima) a la chica o chico que te agrade carticas con pequeños mensajes, poemas, postales, todos los días una semana exacta antes. Se enviaba lo que fuera pensaras iba a acumular algunos puntos con la personita especial que intentabas impresionar. Era una forma tan inocente de cortejo, tan envolvente, estimulante, misteriosa y segura de hacer un acercamiento, que invitaba, invitaba mucho. Y esta fue la actividad que se escogió llevar acabo para aquel año en específico.
La cosa era sencilla, se preparaba una cajita donde se ponía lo que se iba a compartir y después, cuando se acababan las clases pasabas a buscar lo que te habían enviado.

Así que esa previa semana en especifico me di a la tarea de enviarle cuanto detalle fuera posible a esa persona que me hacía vibrar. Su nombre era Caridad, era una chica que recién llegaba a la escuela ese semestre de invierno (en mi país la jornada académica duran dos semestre al año) así que la mística de su arribo me traía muy curioso; pero era su bello rostro su verdadero apelativo, al menos el que más me atraía a mi.
Recuerdo enviarle poemas, dibujos, pequeñas postales hechas a forma de artesanía, con calcomanías, conchas, curiosos mementos que encontraba, lo que fuera que hiciera de la postal una más especial, como esa increíble persona que sabía iba a recibirlas.

Uno no podía revelar su identidad hasta que llegara el día de la amistad, aunque se tenía que inscribir en la lista de la maestra, una lista donde tenías que decir a quién intencionabas alagar con tus gestos. Como ya saben yo me inscribía enviarle a Caridad. La maestra mantenía todas las inscripciones ajenas, nadie podía saber quién le enviaba a quién, solo ella. Astuta manera de mantener todo interesante, porque no sabías quié te enviaba, si te enviaban, y reservado.
Durante toda la semana recibí bellos detalles de alguien, ¿quién? ni idea. Mi corazón quería y creía con todas las ansias del mundo que fueran de Caridad. Los detalles eran diversos, muy similares a los que le enviaba a ella, eso me hacía pensar que era ella en definitivo. Poemas muy bien elaborados, pues aún con nueve años de edad me agradaba escribir y sabía discernir -a mi manera- entre lo original y lo cotidiano.
Me llenaba de ilusión pensar que era ella, que Caridad me escribía con la pasión que lo hacía yo para con ella. ¡El ingenio aumentaba con cada día! Y el mejor de los mejores poemas llegó el Jueves, pues en ese año (el 1993) el día 14 caía un Sábado, así que suponíamos celebrar el día de la amistad el Viernes, cuando la actividad de los 'amigos secretos' iba a dejar de ser 'secreta' y nuestra identidades hacia la persona especial que apreciabas tanto como para cortejarla en secreto iba a ser anunciada, por uno mismo, frente a todo el grupo, regalando el ultimo detalle uno mismo.
Ese Jueves recibí una postal, con varios mementos, calcomanías, ¡de todo!
Lo más especial era un dibujo muy bonito que llevaba la postal/poema; era de un cupido disparando a un corazón con mi nombre. Era verdaderamente bueno. Me animó tanto ver ese tan bien elaborado gesto que salí cantando ese día de la escuela, todo el camino hasta mi casa. Cuando llegué a casa le conté a mi madre de lo sucedido, pues me pregunto de dónde sacaba tanta alegría, y me prometió salir temprano el día siguiente a conseguirme el mejor regalo que un chico podía comprarle a su 'Julieta'.

Y ya, finalmente, era Viernes. Ese día, de la emoción, desperté muy temprano. Era día de ir vestido casualmente a la escuela; quería escoger bien mi atuendo y plancharlo. Cuando me dispuse a prepara la tabla para planchar mi madre me sorprendió haciéndolo; sonrió y me dijo que me estuviera tranquilo, que ella me iba a ayudar con ello. Terminando de planchar me vestí y le pregunté a mi madre sobre lo que me iba a ayudar conseguir para Caridad. Me dijo que iba a tardar un poco a encontrarlo pero que eso no era problema porque la celebración no era hasta el final de clases y que ya para entonces iba a estar allí con mi regalo a regalar. Yo hice lo pertinente y asistí a clases bien vestidito y con el espíritu en las nubes.

Durante toda la jornada miraba a Caridad con toda dedicación, y ella me devolvía las miradas, pero noté que no era el único que lo hacía, y que igual no era al único que ella miraba. Ella era la sensación en la escuela, por su exotismo por supuesto, y todos los chicos de mi grado querían ser su personita especial. Yo no sentí celos nunca, pues sabía que ninguno de mis amiguitos habían sido tan elaborados con sus detalles hacia ella como lo había sido yo; más con los poemas que había recibido, los cuales juraba habían sido de ella, sentía gran confidencia.
Entonces llegó el momento de la verdad. Y mi madre que no aparecía. La entrega de los regalos se hizo en orden alfabético, pero al mi madre no aparecer a tiempo la maestra me permitió ser el ultimo, dándole alas a mi esperanza de ver llegar a mi madre a tiempo.

Durante la entrega vi que la gran mayoría de los chicos en mi clase le regalaron a ella, dejando a la gran mayoría de las niñas del salón sin nada... eso no me supo bien... y comencé a pensar. Cuando le tocó a ella casi me pongo de pie antes de que ella anunciara quién era su persona especial por lo seguro que estaba de ser yo, pero para mi sorpresa no fui yo, fue otro...
Ver que yo no era quién ella prefería me rompió el corazón; devastándome de una manera que desconocía hasta ese punto. Se me formó un nudo en la garganta; casi en lagrimas saqué del bolsillo de mi camisa la postal/poema que había recibido el día anterior, la apreté para romperla cuando un extraño sentimiento arropó mi consciencia. Me pregunté, ¿quién? ¿Quién había sido? ¿Quién me ha dado tanto? Tanto como para merecer mi afecto, eso que le dediqué toda una semana a la persona equivocada...
Y entonces le toca a Cesy, la chica menos popular de la clase, dar su regalo. Esta niña llevabas espejuelos, tenía cientos de pecas y era escesiva muy responsable. La estudiante modelo, quien no compartía de las travesuras con todos nosotros y por esto era relegada a vivir sin casi amigos en un mundo que no era muy llamativo para ninguno. Esto la mantenía al margen, y cuando fue hasta donde mi para regalarme un hermoso diario que ella misma había confeccionado, reveládose como la gestora de todos aquellos bellos poemas, dibujos, etc. que había recibido durante toda la semana, me derritió el corazón.
De repente, y como por obra de magia, Caridad ya no era mi chica favorita; de repente Cesy no era esa chica con espejuelos que excedía en las asignaturas y que odiaba por ello. Cesy era mi princesa, esa que verdaderamente merecía todo aquello que le dediqué anonimamente a la persona equivocada, por las razones equivocadas.

Cuando se sentó de vuelta le busqué insesantemente con la mirada, solo para notar que no me miraba de vuelta; se veía triste, desanimada... Busqué en mi cabezita razones por qué podría estar así, solo para caer en cuenta que era porque durante toda la semana no había recibido nada... nada de nadie...
Escuché mi corazón romperse otra vez... Quería levantarme e ir hasta donde ella para abrazarle. Quería quitarle a Caridad todo lo que le había dedicado para dárselo a Cesy. Quería desesperadamente volver en el tiempo, quería enmendar mi necedad, mi incapacidad de ver su verdadera belleza, de justamente atribuírsela, pues me la había mostrado día tras día con sus detalles y yo no supe verla, optando creer una mentira... una ilusoria mentira...

El tiempo durante mi búsqueda de su mirada se detuvo, y los regalos que se entregaron desde que ella me dio el mio hasta cuando llamaron mi nombre fueron obviados, tanto así que ni los realicé pasar. La maestra llamó nuevamente mi nombre. La miré, nos miramos y justo cuando iba a acabar la actividad porque no veía a mi madre llegar ésta que llega. Tenía un bello racimo de rosas en una mano y un gigantesco oso polar de peluche que llevaba entre sus patitas una casi igual de grande caja de chocolates.
Me emocioné en gran medida, pero el sonido de todas las niñas del salón reaccionando a la panorámica de lo que trajo mi madre desvió mi atención. Mire alrededor y vi a todas las chicas emocionadisimas, todas menos Cesy.
Cesy miró, y antes de que quitara la mirada le vi llorar una solitaria lagrima. Ella sabía que el regalo no era para ella... y yo sabía que ella sabía... lo cual me rompió el corazón por tercera vez...

Me levanté a buscar el regalo. Mi madre me lo dio y me echó una guiñada. Miré por un momento lo que me daba y vi que estaba dedicado... Antes de tomarlo le quité la tarjeta de dedicatoria a las rosas y antes de que mi madre me preguntara qué hacía fui al centro del salón y recité lo siguiente (lo cual recuerdo porque al graduarme un año después de primaria la maestra me hizo llegar justo lo que dije como dedicatoria en un libro que me regaló antes de mi partida a otra escuela):

"Estas rosas y este peluche son para la niña más bella de esta escuela. La más inteligente y la mejor. Esto es para ti Cesy, que no fue hasta hace unos minutos que de verdad veo lo mucho que brilla tu hermosura"

Y le entregué el regalo.

Lo que pasó luego es un poco desalentador, pues ella no quiso el regalo, y terminé dándoselo a la maestra antes de que saliera corriendo del salón de clases a llorar como un bebé. Mi madre me llevó consigo de la escuela y el próximo Lunes Cesy no volvió, y lamentablemente nunca la volví a ver...

Desde ese entonces intento siempre ver lo bello en lo que no lo parece, en lo que lo esconde, pues es allí donde se hayan los más grandes tesoros. Tengo 25 años, y el 23 de éste mes cumplo 26, y desde que tengo 9 años de edad no eh dejado de pensar en ella, y gracias a ello no eh vuelto a repetir ese grave error de mirar con los ojos y no ver con el corazón...

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